Villancico y pasion
ALEJANDRO CASONA Aquella noche de diciembre no era una noche como las demás. El viento de hielo que hacía temblar los olivos a Belén; la nieve que tendía sobre el praderío sus agujereados de charcos sí era la misma; y también los carámbanos que colgaban sus barbas de enano en los tejados de las chozas. Y, sin embargo, bien claro se veía que no era una noche como las demás; porque en su blancura silenciosa había una íntima tensión, un jadeo impaciente de músicas nunca oídas, un remoto latir de raíces anunciadoras de no se sabe qué tremendo y dulcísimo milagro. El viento, en vez de aullar al enredar sus cabellos en las ramas, les susurraba algo urgente y sigiloso, como una consigna, y las ramas se abrían asombradas dejándole paso. Las ovejas en el redil, se apretujaban inquietas, con un temblor que por primera vez no era de miedo. Y hasta la misma nieve sentía un entrañable escozor que le venía de muy adentro y que salía de ella como un caliente va...